divendres, 15 d’abril de 2011

Arcadi Oliveres




Hace tiempo que oía hablar de este hombre que últimamente está tan de moda. He estado leyendo algunos artículos suyos y viendo algunas entrevistas que le han hecho, y la verdad, me ha parecido infinitamente demagogo.

Es como un jubilado de esos que, en el bar, entre carajillos y partidas de domino arreglan el mundo, pero en este caso cuenta con datos (algunos muy dudosos) y una imagen muy mediática pues parece un académico muy sabio, pero detrás no hay más que uno de esos pesimistas disfrazados de profetas que tanto abundan hoy en día, y que lo único que hacen es pronosticar el Apocalipsis pero sin dar soluciones realistas.

Según él, no le deberíamos dejar a Seat o Nissan que despida a nadie si tienen beneficios. Entonces ¿quien invertirá en este país si sabe que cuando quieran irse no los dejarán? Es como si una compañía de telefonía móvil te pusiera muchas facilidades para darse de alta pero te hiciera un contrato de permanencia tan estricto que no te pudieras dar de baja nunca, ¿contratarías con esa empresa?

Habla de que los estados han "dado" a los bancos no sé cuánto dinero. No se ha "dado" ni un duro a los bancos, se han dejado y en otros casos se ha adquirido parte de la propiedad del banco, y si no se hubiera hecho las consecuencias hubieran sido mucho peores. ¿Es que se le debe explicar algo tan evidente a un supuesto economista?

Teóricamente, cuando Repsol va a Guinea Ecuatorial a negociar un contrato de extracción de petróleo compitiendo con decenas de otras empresas, de paso debe democratizar el país, es decir, lo que no han sido capaces de hacer los propios ciudadanos de aquel país, lo tiene que hacer una empresa privada extranjera que lo único que quiere (y muy legítimamente) es hacer dinero, lo mismo que los millones de inversores privados de esta empresa y cada uno de los ciudadanos del país donde llegan estos beneficios. Eso sería como si una empresa que quiere invertir en España nos hiciera una auditoría y nos dijera cómo nos debemos organizar.

Todo este discurso es muy propio de funcionarios que no saben lo que es tener que luchar por un euro, ni la dificultad que entraña sacar una empresa adelante. Son gente que sale de trabajar a las 2 del mediodía y tiene mucho tiempo para pensar sobre cómo de injusto es el mundo.

Me encantaría ver a este hombre haciendo números para poder pagar las nóminas a final de mes, o noches enteras trabajando para entregar un encargo, o yendo de banco en banco mendigando un poco de crédito para no tener que cerrar la empresa dejando a decenas de personas en la calle y a su propia familia arruinada y endeudada de por vida, o que sus clientes no le paguen las facturas y sus proveedores le reclamen los pagos... entonces quisiera saber si aún le queda demagogia por vomitar.