dijous, 20 de gener de 2011

Nespresso


Con el desarrollo de la economía, salen al mercado nuevos productos o servicios que más que vender utilidad, venden es un intangible mucho más etéreo.

Ejemplo de ello es la famosa Nespresso, que en sí misma es un invento bastante útil consistente en un sistema limpio para hacer café, de modo que te ahorras la molestia de tener que manipular ese poso tan desagradable de dejan las cafeteras tradicionales.

Sin embargo, cuando vas a utilizarlo te encuentras con un sinfín de obstáculos, como que hay unas pocas tiendas en España que vendan las cápsulas y encima estas tiendas están concentradas en unas pocas ciudades.

Por si esto no fuera poco, en la tienda suele haber una cola de por lo menos 20 minutos, y si es época navideña puede llegar a ser de más de una hora.

Si tienes la dicha de vivir en una de estas grandes urbes donde hay una tienda Nespresso, para conseguir nuevas cápsulas, entre que vas al centro, haces cola y vuelves a tu casa, vas a necesitar tomarte la mañana de fiesta en el trabajo. Otra opción es comprarlo por internet con los correspondientes gastos de envío y molestias en la recepción.

Y lo más sorprendente de todo, es que todas estas molestias son para adquirir un producto a un precio 10 veces superior al de la competencia.

Si nos pusieran las mismas dificultades para comprar una vulgar lechuga y tuviéramos que ir a un lugar determinado de la ciudad, hacer una larga cola y pagar la lechuga a precio de oro, y lo mismo para comprar carne, huevos, aceite, arroz o legumbres, sería como volver a la posguerra, sin embargo con este producto en particular, la gente está dispuesta a sacrificarse y encima lo hace con alegría y recomiendan el producto con entusiasmo a familiares y amigos.

Si nos preguntamos por qué la gente está dispuesta tomarse tantas molestias para adquirir un producto que encima es 10 veces más caro que la competencia, la única respuesta que se me ocurre, es porque el vendedor, mediante una hábil campaña de marketing, ha sabido dotarlo de glamour y generar una falsa sensación de escasez, de modo que quien consume este producto, no está comprando café, está comprando la ilusión de estatus, prestigio, exclusividad, distinción... y eso no tiene precio.

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